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domingo, 23 de junio de 2013

Balance Valderas

El actual vicepresidente de la Junta de Andalucía cogió las riendas de la sucursal andaluza de Izquierda Unida en el año 2000 con sólo seis escaños, prácticamente en empate técnico con el Partido Andalucista y sin responsabilidades institucionales. Trece años después, abandona la coordinación general de su formación con doce escaños, ostentando la vicepresidencia de la Junta de Andalucía y habiendo conseguido para Izquierda Unida tres consejerías, alguna con tanta visibilidad como la de Vivienda. Es, por tanto, una rara avis en el panorama político actual, ya que es uno de los pocos líderes que abandona el máximo cargo de su formación dejándola mejor de lo que está.
Es cierto que en las elecciones  (2004 y 2008) que antecedieron a las últimas celebradas no obtuvo avances en términos de representación parlamentaria. Sin embargo, Valderas supo en la última campaña electoral ofrecer una alternativa a un electorado de izquierdas huérfano -debido a los casos de los ERE y a la descomposición del PSOE a nivel nacional-, que no dudó en votarle para parar a un PP que mostró muy rápidamentes sus intenciones vía reforma laboral y la subida de impuestos.
Del año en el que el vicepresidente de la Junta ha compatibilizado su cargo con la dirección de su partido cabe también extraer un balance positivo pese a ciertos silencios en el caso de los ERE. Valderas y los suyos han sabido llevar al PSOE y a la Junta de Andalucía a posiciones nítidas de izquierda con decretos como el de la expropiación del uso de la vivienda para evitar el desahucio de familias en riesgo de exclusión. Como consecuencia de ese liderazgo en el Gobierno andaluz, los ciudadanos premiarían a Izquierda Unida, según el último sondeo publicado por andalucesdiario.es, viéndose aumentado su porcentaje de intención en voto del 11,3% cosechado en las últimas elecciones andaluzas al 16,8 % que le otorga esta encuesta. El listón está alto. Veremos si Maíllo lo supera.

domingo, 19 de mayo de 2013

¿Venezuela o Suecia?

Un doloroso problema de imagen. Es lo primero que siempre se me viene a la cabeza tras escuchar, con cierta frecuencia, cómo en el resto de España (no sólo en Cataluña) se tacha a los andaluces de pobres, vagos y analfabetos. No importa que esos adjetivos no se correspondan con la realidad. Y seguramente muchos de los que piensan de esa forma lo seguirán haciendo durante toda su vida, se haga lo que se haga. Pero me pregunto si desde Andalucía se puede hacer algo para mejorar esa imagen. No parecen ayudar anuncios como el del vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, informando sobre la celebración de un “gran encuentro” entre Andalucía y los países integrantes del ALBA (Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, entre otros, con Iran y Siria como observadores) para “abrir una cooperación directa, no sólo económica sino también política”.
Desde una óptica progresista, nuestros gobernantes se tienen que preguntar si quieren que Andalucía se parezca a Venezuela -donde la renta per capita es de 13.000 euros a pesar del abundante petróleo del que dispone y donde la escasez de alimentos es crónica- o a Suecia -donde la renta per capita es de 42.000 euros y donde los sucesivos gobiernos socialdemócratas han creado un Estado de bienestar que ha posibilitado que su país sea uno de los que tiene el índice de desarrollo humano más alto (indicador que mide la esperanza de vida, la educación y el nivel de vida).
Seguro que el PSOE andaluz tiene muy clara su elección. Y hasta ahora, Griñán ha sido generoso con Izquierda Unida, atendiendo a su peso parlamentario, concediéndole un papel muy relevante no sólo en el organigrama de gobierno de la Junta sino también en el diseño de las políticas realizadas por el Gobierno andaluz. Y es justo decir que algunas de esas políticas impulsadas por la coalición que lidera Diego Valderas, como la expropiación del uso temporal de la vivienda a las entidades bancarias, son justamente lo que muchos ciudadanos -andaluces y del resto de España- están pidiendo a sus gobernantes. Pero no menos cierto es que algunas actitudes de Izquierda Unida, como la alianza política con determinados gobiernos, perjudican la imagen de Andalucía. Como no puede ser de otra manera, es digno de elogio el apoyo económico por parte de la Junta de Andalucía a los ciudadanos cubanos o venezolanos.El rasgo que diferencia a la izquierda de la derecha es la solidaridad con los ciudadanos que más recursos económicos necesitan. Pero otra cosa es compartir con los gobiernos de esos países “elementos de carácter político”, como dice Valderas. La izquierda y el progreso están en Suecia, no en Venezuela.

domingo, 13 de enero de 2013

Pacto sin exclusiones

“Serio, útil y sin exclusiones”. Ese es el pacto por Andalucía que quiere Zoido. Y el que cualquier andaluz de buena fe firmaría ahora mismo. Cuantas más fuerzas políticas con capacidad de influencia estén en el pacto, mejor. Desde este blog, se ha criticado con dureza al alcalde de Sevilla por anteponer los intereses de su ciudad a los de Andalucía. Pero hay que reconocer que lo que pide en esta ocasión es lo que demandan la mayoría de los andaluces. Y es que el pacto por Andalucía quedaría cojo sin la participación de la fuerza más votada en las elecciones andaluzas, que -no olvidemos- es a su vez el partido político que gobierna España. Ahora que el color político del gobierno andaluz y del gobierno central no coincide es más necesario que nunca tender puentes entre ambas administraciones.

No parece un buen augurio que en una entrevista publicada hoy en El País Diego Valderas afirmase que veía casi imposible que el PP se sumase al pacto. Parece que el vicepresidente andaluz se está poniendo la venda antes la herida. El PP-A deberá asumir que los andaluces, como han demostrado en las urnas votando mayoritariamente a fuerzas de izquierdas, no quieren recortes en políticas sociales como la sanidad, la educación o la dependencia. Pero los socialistas andaluces deberán también reconocer que hasta ahora su política no ha servido para crear empleo sino para destruirlo y que la administración andaluza -como el resto de administraciones territoriales- no funciona de forma eficaz. Algo habrá que hacer para que esas dinámicas cambien. Y las tres fuerzas deberán ceder algo para que el pacto refleje lo que mayoritariamente desean los andaluces: un modelo de salida de la crisis que impida recortes en las políticas sociales pero útil para dinamizar el empleo y reformar la administración pública.

Los escollos no son sólo económicos sino también territoriales. En esa misma entrevista en El País, Valderas incluía dentro del pacto el modelo de Estado que se defendería desde Andalucía. Pero Arenas no ha dudado en afirmar hoy que el modelo federal que propone el PSOE sería “letal” para Andalucía porque eliminaría la solidaridad. Diferencias hay hasta en el modelo de Estado.

Pero no seamos pesimistas. El pacto parece que cuenta con un valedor: el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, que tiene un gran interés en que el acuerdo sirva como referente nacional para PP y PSOE, apuntándose así un tanto político. El presidente andaluz deberá propiciar un acuerdo sobre un texto que sea lo suficientemente ambiguo pero también lo suficientemente concreto como para que PSOE, PP e Izquierda Unida se sumen al mismo. Sólo un pacto en el que figuren los tres partidos representados en el Parlamento tendrá la solidez suficiente. Los ciudadanos necesitan que los políticos tengan altura de miras. Si no, lean las encuestas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Los primeros presupuestos del bipartito andaluz

De las cuentas autonómicas elaboradas por el Ejecutivo andaluz para el 2013 se pueden extraer dos rápidas conclusiones: por un lado, su voluntad de ofrecer un modelo social diferente al planteado por otras comunidades autónomas y por el mismo Gobierno central; y, por otro, su vocación de consolidar a la actual coalición de gobierno.

A pesar de ser unos presupuestos austeros (recorte del 4,1% respecto al año anterior), llevan un inequívoco sello de izquierdas.  Es decir, la cuentas andaluzas responden al argumento esgrimido por Griñán de que dentro de la austeridad se pueden mantener las políticas de empleo, educación, sanidad y atención a la dependencia. Así, como no podía ser de otra forma en una región que, según la última Encuesta de Población Activa, tiene un 35% de paro, los Presupuestos de 2013 priorizan el empleo (más de 370 millones en esta partida presupuestaria). Pero también hacen un especial esfuerzo en educación (aumento de las becas en un 7% y gratuidad de los libros de texto) y en políticas sociales (incremento de pensiones no contributivas en un 2%). Todo ello a costa de frenar el gasto en inversión pública (que disminuye un 21%). Tanto el presidente de la Junta como la consejera de Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, justifican esta reducción, por otra parte lógica, en que no sería comprensible que se construyesen “kilómetros de autovías” cuando “hay gente que no tiene para comer”.

Por otro lado, tras los comicios autonómicos de marzo, no estaba claro si Griñán conseguiría formar un gobierno con Izquierda Unida que durase toda la legislatura. A día de hoy, parece que la relación entre los socialistas y la coalición de izquierdas está bien engrasada. Esto se debe en buena parte a la generosidad de los primeros con su socio de gobierno, al que le han permitido incluir en los Presupuestos algunas propuestas estrella como un programa de acción social de 60 millones de euros destinado a desempleados sin recursos y a víctimas de la violencia de género y ligado a los ayuntamientos y un plan de rehabilitación de viviendas dotado de 45 millones de euros. Pero la vocación de permanencia del bipartito lo facilita sobre todo el posibilismo de Izquierda Unida a la hora negociar los presupuestos. La dirección andaluza de la coalición tiene perfectamente interiorizados dos porcentajes: el 85% de los militantes que apoyó en un referéndum formar gobierno con los socialistas andaluces y el 78% de sus votantes que, según la encuesta poselectoral del CIS, prefiere también esa opción. Valderas y su equipo no olvidan tampoco el castigo que su formación sufrió cuando allá por los años 90 obstaculizaron la acción de gobierno de Chaves apartándose así de los deseos de su electorado. Todo parece indicar que el Ejecutivo andaluz tiene más pilas que Duracell.